El Bridge se juega básicamente para divertirse,
pero el placer se vuelve desagrado cuando uno se encuentra con jugadores
sin modales o inéticos. Todos sufrimos de vez en cuando de
lapsos en los modales o ética: puede ser que usted sea una excepción,
pero debe tener la habilidad de reconocer los errores de conducta
de los demás. Son culpables de pecados bridgísticos en diferentes
grados:
- El jugador cuya mano toca varias tarjetas del bidding
box, titubea con la mano, toca el pass y luego el bid, o viceversa:
Eso está absolutamente prohibido. La mano debe ir con
decisión a sacar el bid, no mariposeando y vacilando.
Si estas inflexiones las realiza su compañero, lo correcto es
ignorar cualquier inferencia que de allí se haya obtenido.
- El jugador que vacila cuando tiene una jugada o remate
automático: Si lo hace porque está pensando en la
mano anterior o en cualquier otra cosa, debe pedir indulgencia
a los contrarios, más o menos con: "lo siento, no me di cuenta
que era mi turno, no tengo ningún motivo para pensar..."
- El jugador que toma ventaja de las legítimas vacilaciones
de su compañero: Un jugador ético las ignora, y en
casos específicos toma una acción contraria a la sugerida.
- El jugador que comenta el remate o las jugadas durante
el desarrollo de la mano: Es impropio criticar el
remate del compañero cuando éste baja el Muerto, o implicar
que el contrato se cumple o no. Lo correcto es abstenerse
de hacer cualquier tipo de comentario durante le transcurso
de la mano.
- El jugador que muestra obvios signos de placer o disgusto
cuando el compañero remata o juega una carta: Esta
es una de las más comunes maneras de transmitir información
ilícita.
- El jugador que se muestra ofendido cuando se llama al
Director o se queda refunfuñando cuando se le aplica una penalidad
contemplada en los reglamentos: Se debe llamar al
Director cada vez que ocurre una irregularidad, aún cuando se
conozcan los procedimientos aplicables y eso no constituye de
ninguna manera una ofensa.
- El jugador que llama la atención a su compañero sobre
el score, sobre las bazas que ha perdido, o sobre las bazas
que necesita.
- El jugador que repetidamente pide que le digan el remate
nuevamente, o que quiere ver la baza anterior, o que hay que
recordarle que es su turno: El no prestar atención
o distraerse irrita a los demás jugadores.
- El jugador que no sabe tener sus cartas sin que los contrarios
las vean: Los contrarios se sienten incómodos tratando
de no verlas.
- El jugador que fija la mirada en el contrario cuando
éste está pensando, o que se fija de que lugar está sacando
la carta: Esto último es sencillamente trampa.
- El jugador que, defendiendo o carteando, saca una carta
y la vuelve a meter, repitiendo el proceso.
- El jugador que es Muerto y quiere ver la mano del Declarante
o los Defensores.
- El jugador que es áspero con su compañero y lo critica
en demasía. El supercrítico generalmente está tratando
de tapar sus propios errores. En el caso de surgir en
la mano un importante aspecto técnico que merece discusión,
es adecuado tomar nota para discutirlo una vez finalizado el
juego.
- El jugador que trata de enseñar a los oponentes:
Aunque no haya duda de que sea usted el mejor jugador de la
mesa, no debe dar consejos, a menos que se lo pidan y en ese
caso su opinión no debe ser tajante, sino de ayuda, teniendo
el cuidado de ser breve y delicado.
- El jugador que
a. demora el juego para comentar demasiado la mano después
de haber sido jugada
b. no acepta jugar una mano completa después de la sesión
c. abandona el salón antes de finalizar.
- El jugador que sin permiso saca las cartas del oponente
de la tablilla o, peor aún, el que saca dos manos y luego las
confunde.
- El jugador que circula rumores acerca de la ética de
otros: Si él piensa que los oponentes se aprovecharon
de algo, debe llamar al Director o hablar luego en privado con
algún dirigente. Esos rumores no producen más que dañina
chismografía.
Qué hacer cuando uno se encuentra con alguno de estos personajes?
Usted podría dejar de jugar con él, podría sufrir en silencio, podría
confrontarlo con sus infracciones, o mandarle una copia de este
artículo. De cualquier manera, usted debe estar absolutamente
seguro de que el comportamiento propio sea perfectamente correcto:
esto hará el juego más placentero para su compañero y para los contrarios
y con suerte ellos seguirán su ejemplo.
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